miércoles, 2 de agosto de 2017

Era por si las moscas

«Algunos años después me contaría el arzobispo Olaechea que esa noche hubo otro banquete en honor del Caudillo en una alquería por la parte de Godella. Estaban allí junto a Franco todas las autoridades de Valencia con chaquetas blancas, camisas azules y correajes, infinidad de polainas y gorras de plato, trajes de noche y una nube de guardias. En medio del festín, en el instante en que se servía la pularda, hubo un apagón seguido del estruendo de un panel que se había caído. Alguien gritó que era un atentado. De pronto comenzó un barullo. En la oscuridad el arzobispo Marcelino fue empujado hacia el suelo entre las patas de la mesa con el solideo por un lado y el zapato con hebilla de plata por otro. Cuando vino la luz el arzobispo vio que uno de los guardias le tenía apuntada la sien con el cañón de la pistola. 

—Usted perdone —dijo el gorila enfundando el arma—. Era por si las moscas».

Tranvía a la Malvarrosa

Manuel Vicent


El Arzobispo Marcelino Olaechea bendiciendo un barco

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